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Teatralización de la realidad como discurso dialéctico de muerte

  • 24 jun 2017
  • 2 Min. de lectura

Hacer del humor una dialéctica posible, es probablemente el oficio más profundo, serio y difícil que ser humano alguno pueda realizar con algo dignidad. La tragedia en la antigua Grecia no era un espectáculo, sino más bien un rito colectivo; una sacralización de la cotidianidad existencial. El teatro como instrumento cómico, asume una función vital al ser caja de resonancia para las ideas, y la problematización de la vida política y cultural de la sociedad en su conjunto. Hoy el humor trágico caricaturiza un presente insoportablemente angustioso y aplastante, que convierte el mito de la ritualidad en metáfora de los problemas más profundos de la sociedad. Pero es la angustia de lo allí representado lo que provoca hilaridad; la situación límite riñe con el confort desesperadamente buscado por el hombre en su cotidianidad.

Esta psicologización de la realidad virtual del teatro hace que en cada vector espacio-tiempo se vivan vidas paralelas. Emociones e instintos de actores y espectadores afloran, se desplazan de la realidad sofocante a la fantasía delirante, donde se amalgaman los instintos y las emociones, y ponen en juego alternativo el ser y el deber ser, lo que somos frente a lo que anhelamos ser como espectadores que asisten al hemiciclo donde transcurre la obra. Es esta capacidad de análisis en el juego interpretativo de los personajes el que da riqueza a la obra; porque la obra no se constituye solamente por lo que el autor ha creado, sino también por el carácter y la profundidad dialéctica en cada uno de los asistentes. Y aunque algunos suelen ser incapaces de sustraer el texto del escritor, es en ese texto teatral y absurdo en el que el actor se sumerge en su realidad etérea y transitoria; y en medio de la interpretación, devela las emociones de un ser humano sometido a los avatares de un destino trágico y cómico a la vez; y produce hilaridad no solo la situación, sino la limitadas posibilidades que tiene para salir de ella. Dentro de ese cúmulo de posibilidades siempre está presente la posibilidad de morir, de salir definitivamente de esa y otras realidades que le mortifican. Ríe de sí mismo, de su ridícula impotencia, de la frustrante situación que lo domina como Dios que todo lo manipula y controla, pero sobre todo ríe de la imposibilidad de sustraerse de esa realidad transitoria, y la tormentosa toma de conciencia de la fragilidad y finitud existencial.

 
 
 

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© 2014 Roberto Echeverri Uribe

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