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Si Santos fuera Trump...

  • 26 ene 2017
  • 5 Min. de lectura

Me gustaría sentir el orgullo de vivir en un lugar donde mi presidente fuera un verdadero líder; un hombre de carácter que pone todo su empeño al conducir los destinos del país aun a costa de mordaces críticas y fuertes ataques. Una auténtica utopía...

El presidente Santos se parece a Trump en su megalomanía y narcisismo, pero con varias y sutiles diferencias: el dinero de Trump es hecho a pulso, el de Santos es heredado de una familia acaudalada que siempre sacó provecho de su posición social en favor propio; Trump se ha hecho con trabajo perseverante y gran esfuerzo, Santos es un mendigo de favores y dádivas haciendo uso de su pedigrí; Trump impone su voluntad en favor de un pueblo que ama, Santos además de despreciar a su pueblo, traiciona a quienes le han ayudado en su carrera política. Trump es sincero y frentero, Santos un pacato y servil mentiroso; Trump añora un país rico y poderoso, Santos busca afanosamente el dinero y los reconocimientos que alimenten su vanidad fomentando la corrupción y el caos administrativo en todas las instituciones de gobierno; Trump le apuesta a un destino digno para Estados Unidos, Santos se arrodilla a cualquier acuerdo sin importar el futuro de la nación; Trump es un hombre exitoso, Santos un mediocre y decadente político de tercera; Trump conoce la calaña de Santos como político y como persona, por el contrario Santos ingenuamente da fe de la ignorancia de Trump. Trump lidera el país número 3 en competitividad, Santos gobierna el país número 61 de la tabla; Santos gobierna el país número 90 de 176 en el índice de transparencia (corrupción) con un score de 37/100, Trump abandera la nación en lugar 18 con un score de 74/100. Estados Unidos con todos sus inconvenientes y abusos avanza en lo social, Colombia por el contrario lleva siglo y medio en la más oprobiosa pobreza y la más desgraciada parálisis artística e intelectual. Pese a todo, Trump es un líder con el empeño de un americano que se sobrepone a las dificultades, que libra toda clase de batallas para posicionar al país en el podio de las súper potencias, y se compromete con el país que la ha proporcionado los medios para amasar su fortuna. La mediocridad, la ausencia total de ética, el desamor, la ambición y la ignorancia de quienes dirigen los destinos, hacen de nuestro país el Olimpo de la deshonra; y de nuestra historia una galería de criminales. Nuestro presente se ha convertido en tribuna de oscuros y patéticos personajes que merecen el olvido y el repudio nacional. Ya quisiera un líder como el Señor Trump para mi país. Un hombre que le apuesta a todo, que se arriesga por ver transformada su nación. Probablemente seremos testigos de un escenario frustrante al ver a un Trump que no logra la tan anhelada "construcción de una américa grande", y aunque tiene madera para lograrlo, las otras 193 naciones del mundo no lo van a permitir. La batalla será dura. Espero equivocarme pero creo que este semi Dios mediático no terminará su mandato. La americana además de ser una de las sociedades más violentas del mundo (este fenómeno no se nota por la confianza que tienen en las leyes, la justicia y las instituciones de gobierno), donde viven ciudadanos fuertemente armados, se sume en el descontento tras unas elecciones presidenciales. Esto por supuesto afectará de manera muy importante las demás economías del globo. Recordemos brevemente la lista de presidentes asesinados: Abraham Lincoln en 1865, James Gardfield en 1881, William McKinley en 1901, y John F. Kennedy en 1963. El Comité Noruego perdió una excelente oportunidad para contribuir con la mundi pacem al otorgar el nobel de paz al presidente Santos. Si el propósito del premio es político, nada habría sido mejor para alimentar su egolatría esquizofrénica y seducir a Trump con el flamante galardón para que abandone su empeño guerrerista.

Si Trump cumple lo prometido en campaña, hará un revisión a fondo del tratados de libre comercio con Colombia. El destino de los Estados Unidos está escrito y aunque nos perjudique, esa revisión traerá consecuencias posiblemente negativas para el país. ¿Por qué?, porque en materia económica los estadounidenses defenderán primero los intereses de Norteamérica. Es legítimo hacerlo y justifica el esfuerzo de cada país al ocupar un lugar preponderante en materias tecnológica, económica y militar. Si Bolivia o Bostwana fueran potencias mundiales actuarían de manera similar.

Colombia vivirá un momento de verdad con la revisión de su TLC. Se pondrán a prueba la habilidad diplomática de nuestros connacionales, la capacidad técnica en su arquitectura, y el fondo estructural del acuerdo. Trump al parecer no come cuento al presidente Santos como se dice coloquialmente. El mal gobierno de Santos ha resultado en aumento de la corrupción, en un aumento escandaloso de áreas sembradas de coca, y una desaceleración general en la economía. Un premio nobel perdido. De seguro hay muchas personas en el mundo luchando por la paz que lo merecen pero que el mundo mediático desconoce. Lo que ayer era gloria para Santos, hoy parece vivir con el sol a las espaldas. Ahora de manera inmisericorde anuncia nuevos impuestos a un pueblo empobrecido que espera le proveerá recursos para tapar el hueco fiscal ocasionado por robos en REFICAR, SALUDCOOP, ODEBRECHT y otros tantos que no se investigan, y si lo hacen es al desesperante ritmo de la impunidad. Santos el anacrónico, el apegado a falsas heráldicas familiares, el decadente descendiente de Antonia Santos, el utópico marxista, jamás se parecerá a un Trump vital y sin complejos; enérgico, decidido a trabajar con empeño y comprar riesgo a cambio de dar un vuelco al statu quo de la actual sociedad americana.

Una de las peores calamidades que puede ocurrir en un mundo bélico y violento como el actual, donde la tendencia a la autodestrucción es más probable que nunca, es la aparición de un mandatario poderoso e impredecible. Será un desafío importante para la diplomacia dialogar con la razón del rico y el poder del fuerte, y Trump lo sabe. En un tiempo donde el dinero es Dios, el que paga manda, aunque la razón no esté de su lado. Trump sabe que Dios está de su lado como dirían los teólogos-mercantilistas.

El muro más que un objeto es un significado. La premisa central de Trump -un hombre experto en temas empresariales y mercadeo pero ignorante en geopolítica y estrategia militar- será cerrar fronteras y proteger la industria norteamericana. Lo paradójico es que quien trata de desconectarse de un mundo alta y complejamente integrado es nadie menos que los Estados Unidos de Norteamérica, la sociedad más favorable y madura para hacer negocios. Detrás de un muro de 1050 kilómetros, hay una filosofía de castigo e imposiciones que favorezca, repito, los intereses americanos. Levantar otros dos mil kilómetros será una vana utopía que lo único que logra es mover sentimientos y emociones en una sociedad desorientada y llena de frustrados recuerdos de un pasado efímero pero cargado de gloria.

Ese es el juego de la vida. Azares, incertidumbres y albures. Unas de cal y otras de arena. El juego con Trump comenzó, y cada país tendrá que revisar su mano y pensárselo dos veces antes de jugar cada carta. Ahí están las oportunidades; las condiciones de juego en teoría rigen para todos por igual. Este será el escenario propicio para jugadas políticas, financieras y económicas; pero si esas cartas no son ganadoras, se jugarán las cartas militares que son al decir de Clausewitz la manera de hacer política por otros medios. Veremos a los analistas de todas disciplinas, ambientalistas, sociólogos, politólogos y economistas haciendo sus cábalas en esta partida que ya comenzó y que promete un final de película para los amantes de la tragedia. Nadie se levantará de la mesa y menos el arrojado Trump. Mientras esto sucede veremos al pobre presidentico Santos sentado en sus ridículas vanidades en medio de la ensoñación del retiro viviendo como cualquier rufián de esquina en el más oscuro anonimato.

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