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La magia degradatoria de los colombianos

  • 16 oct 2016
  • 2 Min. de lectura

Habemus Nobel. Uribe saldrá en la foto tras el No en el plebiscito. Perdemos tiempo valioso, pero el circo seguirá adelante. Seremos los idiotas útiles en todo esto.

Finalmente ganó el NO, y el plebiscito está más perdido que nunca, porque si bien tiene legitimidad jurídica, carece por completo de toda legitimidad política. Si negociar entre dos es difícil; negociar entre tres será un imposible. Seis años tomó Plebiscito I, cuántos tomará Plebiscito II. El tiempo que se necesite para recomponer los textos del proceso, será directamente proporcional al nivel de satisfacción de las FARC. Si ese grupo guerrillero se siente a gusto con los textos ya firmados en Cartagena y acordados con el Gobierno nacional, veremos una demora sustancial en la renegociación, debido a que no querrán ceder un ápice. Los acuerdos pasados son para las FARC una conquista en el más simple de los términos marxistas, y la inclusión de un nuevo protagonista en el proceso, convertirá la renegociación en una debacle. Ya son 14 días de espera en una especie de trance; la economía sigue paralizada, y no parece haber asomo de actividad, hasta que los empresarios reciban alguna señal del Gobierno una vez el proceso se destrabe. Santos que siempre ha tenido problemas para comunicar, demostrará una vez este vacío, pero no le importará; ya fue premiado con el nobel de paz.

Al fin y al cabo desconocemos palabras como urgente, acuciante, apremiante, imperioso, importante, impostergable, imprescindible, inaplazable, inexcusable, inmediato, pronto o perentorio; porque todo lo que cae en nuestras manos tiende a dilatarse, a eternizarse, a desvirtuarse como valor esencial, o a ocupar el mayor tiempo posible. Cada idea, cada proyecto, cada empresa propuesta se parece a un universo en expansión, a un globo que se infla permanentemente. Esto nos ha privado de algo esencial como sociedad: la posibilidad de ver terminados los proyectos útiles a la comunidad; que nos permita dimensionar el esfuerzo de quienes lo diseñaron, la constancia y transparencia de quienes lo instrumentaron para bien del país, y el beneficio que tales proyectos reportan, medido en indicadores económicos, políticos, jurídicos o sociales. No terminamos nada porque nada comenzamos, porque probablemente nuestra visión del mundo comienza en un personaje de la política y su quehacer diario, y termina en el trino de tal o cual político que por cualquier maroma, triquiñuela o engañifa aparece en los medios de comunicación. Tal es nuestro mundo actualmente.

El circo continua; el tiempo sigue diluyéndose como el agua entre las manos, y el país se debate entre la lúdica del chismorreo político y la banalidad de los acontecimientos del día a día. Somos como el caracol que en su dimensión existencial jamás logrará ni en el más fantástico de sus sueños imaginar la velocidad del abejorro. Como ser biológico no tiene la capacidad polimórfica de transformarse en uno de ellos; como ser pensante la imaginación para soñarlo, como ser viviente el poder intelectual para conocerlo, y ni qué decir de su voluntad para lograrlo.

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© 2014 Roberto Echeverri Uribe

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