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Las virtudes de los poderosos

  • 9 sept 2016
  • 3 min de lectura

Resulta gracioso ver cómo este remedo de democracia maneja la información, a propósito de la reciente payasada del presidente Santos llamada "proceso de paz", y que quien lo hizo crea ser un elegido de Dios.

Esta engañifa produjo 297 páginas de la más refinada basura jurídica, literaria y poética. Colombia que se debate entre pobreza y miseria, una ignorancia endémica y la visceralidad emocional, recurre a su pobre tradición educacional, y a sus endebles principios éticos para jugar al niño aplicado. Todos tratan desesperadamente de leer este farragoso tratado, pero muy pocos lograrán entenderlo. No se sabe qué es peor, si el que lo lee y no lo entiende pero inocentemente votará por el SÍ confiando en Dios, o el que lo lee y lo entiende y también vota por el SÍ, pero confiando en los humanos. Dos inocencias diferentes; una vestida de ingenuidad, la otra rayana en la estupidez. Es el talante de nuestra naturaleza moral. El Gobierno que habitualmente demuestra su incompetencia, ha preparado una jugada maestra que garantiza una victoria inmediata, pero con un agravante: no importa cómo se mantendrá esta estrategia de paz en el tiempo; y peor aún, desconociendo el costo real y el impacto en la vida nacional. Todo está dispuesto -tuvieron más de tres años para su preparación-, y el golpe será demoledor. Santos nos susurra al oído: "voten por esta porquería. Nada me detendrá en la búsqueda de fama y fortuna".

La sociedad no podrá superar este jaque mate político y Colombia se verá envuelta en un maremágnum de acontecimientos jamás imaginados. El caos será total en lo jurídico, económico y social. Vivimos de tumbo en tumbo como una aeronave próxima a accidentarse. Todos los indicadores económicos así lo demuestran.

Mientras esta estulticia prospera contra todo pronóstico, los escándalos se producen a velocidades vertiginosas, y la corrupción campea en todos los estamentos de gobierno. Ante esta oleada de acontecimientos económicos, políticos y sociales, los organismos de control -ejemplo la Contraloría- ha permanecido muda; su silencio demuestra que además de burocráticas e inútiles, carecen por completo de liderazgo para dar cumplimiento a su actividad misional. Llevamos 6 años discutiendo un imposible, e igual número de años sin debatir los problemas que verdaderamente aquejan a la nación. El país se derrumba paulatinamente. Perdimos 70 mil kilómetros cuadrados de mar gracias a la pésima gestión de un presidente que desconoce los asuntos más elementales en materia limítrofe. Su error está no tanto en lo que piensa sino en la manera misma de pensar. Santos piensa mal. Su cabeza es un enorme basurero.

Son seis años de plácida complacencia a los caprichos de un mandatario muy poco hábil en las artes de gobernar. Santos que toda la vida trabajó para ser presidente, finalmente pondrá a Colombia en el sendero de la anarquía y la destrucción. Ha hecho bien su tarea. A Santos no le importa el país, la paz, el bienestar o la justicia, y muestra de ello son los términos de la negociación con las FARC. Lo entrega todo a cambio de una victoria Pírrica e inmediata al mejor estilo Blitzkrieg o guerra relámpago alemán. Finalmente no será él quien tenga que pagar mañana los errores cometidos hoy ni habrá quien lo juzgue como a cualquier campechano enruanado. El circo tropical colombiano está cuidadosamente diseñado para que a la hora de enjuiciar políticos, no funcione. Para ese momento habrá de pasar tiempo suficiente para que ningún colombiano recuerde la estupidez de Santos, aunque probablemente sí recuerden las acciones políticas de su hijo Martín quien para la época estará en campaña o en el solio de Bolívar.

Nada de lo pactado en la Habana lo trasnocha. Ni siquiera lo intranquiliza. Su único propósito es hacerse con el premio nobel y pasar una cómoda vejez en su lujoso apartamento en Londres. Lo típico en estas tierras es que las familias influyentes y acomodadas amasen con las manos sucias, enormes fortunas, y terminen en un exilio impune y silencioso. Este será otro infeliz que pase a la historia como un mandatario clientelista, irresponsable, corrupto y fantoche. Es irónico saber que Santos en medio de su pobreza mental y falta de conciencia, cree a dogma de fe ser un iluminado de Dios que lo colmó de virtudes para aspirar a la primera magistratura y dirigir con dignidad y sabiduría los destinos de la patria. Nada peor que un imbécil con delirios de grandeza.

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© 2014 Roberto Echeverri Uribe

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