Navidad, cuál navidad?
- 14 dic 2015
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Termina un año más de vida; nuestro reloj biológico continúa su marcha inexorable hacia lo definitivo; lo eterno, lo etéreo. Llegan entonces fechas postizas que el ubicuo mundo moderno y sus férreas leyes de mercadeo y su credo capitalista nos dicta órdenes universales porque nuestra voluntad, nuestro deseo carente de toda crítica, es gobernado por nuestros dueños, o mejor nuestros amos.
Llega diciembre y los afanes no dan espera. Las multinacionales comienzan a desplegar toda clase de estrategias ridículas para hacernos creer que si no compramos, si no poseemos sus productos, en otras palabras, si no damos rienda suelta a nuestro irracional, infinito e insatisfecho deseo, estaremos irremisible y necesariamente condenados a la indiferencia y la segregación de todos quienes nos rodean. "No te quedes por fuera", "aprovecha esta oportunidad por pocos días", "Llame y ordene ya" son al mejor estilo kantiano, los imperativos que dictan quienes en su afán por conquistar capital y clientes, nos sumergen en una profunda antinomia que nos empobrece y nos desconecta de nosotros mismos, de nuestra sociedad y de nuestra realidad.
Vivimos un sueño acrítico, narcótizados por la barahúnda informacional y mediática que nos enredan los principios con los deseos, y lo accesorio con lo verdaderamente prioritario, pero no hay nada que temer: nos acompañan las empresas, los políicos y las sectas de todo pelambre que nos proporcionan toda clase de soluciones y recetas mágicas que nos ahorran la angustia de pensar por nosotros mismos.
Vivimos la era de la acción; las fuerzas que nos gobiernan nos incitan a hacer -es decir consumir- para sentirnos vivos, en armonía con nuestra sociedad, y en paz con todos los dioses del universo (multiverso acaso?), pero lo más importante, para hacernos sentir que realmente aportamos a nuestra sociedad.
Han sido las empresas y los grandes conglomerados industriales quienes se han apropiados de nuestra inteligencia colectiva, el espíritu; la mística y los rituales que nos diferenciaban de los demás seres vivos del planeta, y nos ubicaba en el primer lugar de la escala evolutiva. Hoy somos seres co-dependientes, vacíos de todo contenido espiritual, profundamente insatisfechos, ambiciosos ad infinitum y crueles no sólo con natura, sino con nuestros pares. Qué es la inteligencia colectiva? a decir de Levy, es una inteligencia repartida en todas partes, valorizada constantemente, coordinada en tiempo real, que conduce a una movilización efectiva de las competencias, y cuyo fundamento es el reconocimiento y enriquecimiento mutuo de las personas, y no el culto de comunidades fetichizadas o hipostasiadas.
Nos imponen fechas, fiestas y efemérides que persiguen un propósito económico; nos endilgan costumbres y rituales inexistentes para aceitar la gigantesca maquinaria comercial que enriquece a unos pocos y deja vacíos los bolsillos y los corazones de incautos que creen que el calendario festivo obedece a tradiciones centenarias con algún significado y sin contenido cultural. Entiendo la navidad como el estado del alma donde los dioses se regocijan con nuestro ser; se ponen de acuerdo para recordarnos los principios universales de amor, respeto, y paz interior que nos hacen comprender que todos somos uno, que todo hace parte de una masa cósmica finita pero ilimitada regida por las leyes del espacio-tiempo. Ese estado debería habitar nuestros corazones durante todo el año y con todos los seres vivos. El amor y la la generosidad no tienen fechas ni estaciones. Nuestra esencia determina nuestro comportamiento si es que algún día comprendemos que debemos romper las cadenas del capitalismo salvaje y el neoliberalismo.


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