Visión actual de nuestra sociedad
- 28 nov 2015
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Nos enfrentamos a un mundo lleno de misterios y matíces nunca vistos antes; a una sociedad convulsionada con una escala de valores que riñe con cualquier visión positivista de los filósofos de tres siglos atrás. Valores que siempre han sido principios axiológicos, hoy se han convertido en anti paradigmas: es un reto mantener nuestras propias creencias y convicciones en un mundo donde reina la antinomia y el desorden en todos los estamentos sociales.
Y en Colombia esta realidad no es ajena a las tendencias de los demás países del orbe; jamás habíamos presenciado tal desorden y caos en la gestión gerencial de políticos y dirigentes de países del mundo entero, y en especial del nuestro; la postración ante la corrupción rampante en todas las instituciones de gobierno, se ha convertido en uno de los pilares fundantes de la parálisis en la gerencia pública en las sociedades de los cinco continentes.
Estos hechos impactan y modifican los comportamientos sociales así como la escala de valores que jóvenes y adultos van instalando en su memoria colectiva, a fuerza de la tosudez de los acontecimientos. Hoy en día no es raro ver personas en todos los ámbitos sociales hablar de los hechos heróicos de mafiosos y políticos que logran arrebatar millones para su propio provecho y conveniencia, sin que aflore el más mínimo pudor de una juventud que ha perdido la confianza en sus instituciones de gobierno.
El mal ya está hecho: la sociedad cuenta cada vez con menos herramientas de juicio para contrastar la realidad que los medios de comunicación le muestran en cada acontecimento: somos víctimas de la acción comunicativa de emporios empresariales que buscan afanosamente enriquecerse, sin importar la calidad de los productos, la veracidad de la información, o el bienestar de la sociedad y el planeta. El ciudadano moderno es un sujeto sin valores, con necesidades insatisfechas en aumento, sin posibilidad de contrastar la realidad con información neutral.
Y Colombia no es la excepción. Nos hemos convertido en un pais sin esperanza para niños y jóvenes que crecen en medio del oportunismo, la desesparanza y la carencia de oportunidades, gracias al paso generoso del Estado de Bienestar (EB) al Estado de Rentabilidad (ER) restringiendo el acceso a los servicios básicos que inciden en la calidad de vida de los ciudadanos más vulnerables. Vivimos una especie de era de “hood robin” donde las políticas diseñadas por los gobernantes arrebatan a los pobres para darle más a los ricos. Los impuestos se convierten en cargas onerosas que empobrecen a la aplastada clase media. El Estado en su incompetencia, crea para congraciarse con los más poderosos, los llamados impuestos regresivos, que no son otra cosa que aquellos en el que se capta un porcentaje menor en la medida en que el ingreso aumenta. Un ejemplo de impuesto regresivo es el IVA a los bienes básicos porque afecta en mayor proporción a los ciudadanos con menores ingresos.
La equidad de una sociedad debe ser mantenida tanto en el acceso a bienes y servicios, como en el pago de tributos a tarifas diferenciales. Recordemos que un impuesto progresivo es aquel cuya tasa de tributación o tarifa aumenta en la medida en que el ingreso aumenta, con lo cual el ciudadano que más ingresos recibe debe pagar mayores impuestos porcentualmente. Por ejemplo el impuesto de renta es considerado un impuesto progresivo en la medida en que los ciudadanos con mayores ingresos pagan una tasa más alta.
Nos enfrentamos a un Leviatán que todo lo fagocita: un Estado ladrón que expolia a los pobres para alimentar la grotesca abulia de los más ricos; un Estado que crea leyes y normas a todas luces contrarias al derecho positivo que en vez de buscar el equilibrio y la igualdad social, nos engaña a su amaño y nos informa con mentiras gracias al eficiente esfuerzo de medios de comunicación corruptos que bajo la figura soterrada del soborno divulga irresponsablemente una realidad falaz y mentirosa a la sociedad. Con esto queda configurado el crimen perfecto: la dupla perversa Estado – Medios de comunicación hacen lo propio para que la engañifa se perpetúe ante una sociedad caótica, dispersa y desorientada. Al fin se da la estocada final haciendole creer al ciudadano medio un orden imposible de contrastar.


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