Réquiem por Venezuela
- 28 nov 2015
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El próximo 6D como es costumbre etiquetar acontecimientos y efemérides en el mundo moderno, será un día nefasto para la historia de Venezuela. La democracia será como ha sido históricamente la excusa perfecta para dar paso a la muerte, el dolor y la tragedia. Resuenan tambores y clarines anunciando una guerra ya declarada por el tropical y burdo dictadorzuelo y su cohorte de feroces hienas quienes a la espera de dar su golpe, se preparan para dar otra batalla en las urnas. Ya lo sentenció Maduro en alocución televisiva hace poco: “… nos quedaremos en el poder así perdamos las elecciones…”. La frase no puede más lapidaria y aterradora: no importa el resultado electoral, la dictadura seguirá en el poder sin importar el costo en vidas para la nación que se supone cuida defiende y protege.
En Venezuela como cualquier país destruido por una guerra intestina, la polarización es un fenómeno radical que hace que cada uno defienda lo suyo. Por una parte el pueblo sentipensante agobiado por la pobreza, la falta de oportunidades, la corrupción, la injusticia y el desgobierno y el fraude, que conoce el teatrino político con palabras como “revolución bolivariana”, “revolución de siglo XXI”, y otras sandeces que el discurso mediático produce de boca de los más ignominiosos líderes del falaz socialismo. Esta facción social instruida y cultivada reclama democracia paz y un aparato de gobierno que brinde oportunidades a todos; exige que el país sea sometido a las reglas de juego de la economía internacional, y compita en franca lid con las demás naciones del mundo en ejercicio de las libertades sociales e individuales. Por el otro, el actual mandatario en alianza perversa con el pueblo manipulable, débil, arrodillado a la limosna parasitaria de un país con las reservas probadas de petróleo más grandes del planeta -297.000 millones de barriles en 2013-, que pide ser defendido a ultranza.
Este grupo radical de chavistas sedientos de dádivas defiende y protege al régimen, y esa legítima y democrática defensa no se debe tanto a la comprensión de sus doctrinas o el entendimiento de sus políticas, sino más bien a la ignorancia, la falta de solidaridad y el egoísmo manifiesto que antepone su bienestar al de la sociedad en su conjunto. Esta defensa se paga con coimas y auxilios que el régimen otorga generosa y desordenadamente como parte de pago a su complicidad pero sobre todo a su permisividad y silencio. Mientras tanto los industriales y empresarios sufren los embates de un régimen ignorante y corrupto que cambia las leyes a conveniencia; interviene arbitrariamente las instituciones y en general maneja el país como de su propiedad.
Derroche, caos y desgobierno en todos los estamentos e instituciones que la democracia venezolana ha construido con tanto esfuerzo con siglos de trabajo, son consecuencia de una educación pobre, la insolidaridad y la falta de conciencia histórica. En recientes noticias se supo que Maduro había regalado varios centenares de taxis, mercados y tablets a ciudadanos sin interés por su país, su sociedad o el futuro de Venezuela. Son los perores enemigos de la democracia. Esta masa de hombres y mujeres harapientos antes que merecer lo que el régimen les regala, viven condenados a la más miserable de las pobrezas: la dependencia de un Estado incapaz de liderar y estimular un aparato productivo que brinde oportunidades de trabajo, salud, educación y seguridad para todos.
Pero el 6D no será producto de la casualidad, sino de la causalidad histórica: recordemos que el comandante Hugo Chávez Frías luchó incansablemente por modificar la Constitución venezolana vigente desde 1961; impulsó dos veces el referéndum constitucional, y con precisión quirúrgica, en 1999 dio paso a la ratificación de una constitución que contenía las bases de un régimen republicano y dictatorial.
Hoy los escándalos no se han hecho esperar para informar a un mundo despistado que la República Bolivariana de Venezuela va en marcha cansina al cadalso; que su pueblo se debate en la peor crisis institucional de la historia; que su democracia absolutista se ha convertido no en una revolución, sino en una miserable y absurda payasada que enriquece a dirigentes y sus familiares; que el régimen está rodeado por el narcotráfico, la corrupción y la masacre de los derechos y libertades de sus ciudadanos; pero un hecho aun más lamentable, y es que quien se supone es el policía del mundo, el que puede hacer algo para evitarlo no media palabra en este asunto y que el flamante 6D será otra crónica de muerte anunciada. Ese fatídico día seremos testigos de excepción de la peor y más sangrienta guerra en el continente, y que esta batalla será por cuenta del atraso; la estupidez; la ignorancia; la sinrazón, la ausencia de criterio y el despiste de quienes tienen en sus manos alguna oportunidad de hacer algo para que los ríos y los campos de la querida hermana república de Venezuela no se tiñan se sangre.


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