La política como espejo de nuestra realidad cotidiana
- 23 nov 2015
- 4 min de lectura
Toda actividad humana está atravesada por la política; y aunque no lo percibimos, es la política la que se inmiscuye en casi todos los aspectos de nuestra propia existencia. Asuntos como el bienestar o la misma calidad de vida, dependen de la política. La nacionalidad y la seguridad; las enfermedades que padeceremos serán consecuencia de decisiones que atañen a lo político; inclusive cuánto duremos también dependen de lo que otros deciden en materia política. Estas decisiones, los postulados y las directrices de políticos mediocres afectarán de manera muy importante el día a día de cada uno de nosotros sin importar qué tan conscientes seamos de ello.
El presidente ha reducido su política estatal centrándola en el proceso de paz con las FARC en La Habana, lo cual ha sumido al país en el desgobierno y el caos institucional. La corruptela el desgreño administrativo y el clientelismo campean en todas las entidades, convirtiendo a Colombia en un verdadero infierno social y jurídico. Los grandes temas que deben ocupar al primer mandatario como son la educación, la infraestructura, el aparato energético, las entidades de justicia, de salud y la agricultura han sido ignorados.
Y la economía no ayuda al mejoramiento de esta debacle: la vaca que aporta la casi la totalidad de la mermelada que utiliza el gobierno para aceitar su maquinaria clientelista está seca. ECOPETROL que ya no produce ni la tercera parte de lo que redituaba antes porque quienes compran petróleo ya lo producen internamente, con un agravante y es que su actual presidente ha incluido el fracking como posibilidad de producción real en el proceso de extracción de crudo. En resumidas cuentas producir más petróleo atentando contra las fuentes de agua, con la consecuencia nefasta de presionar el precio del crudo a la baja. Si la oferta aumenta, el precio por barril disminuye. Sacar dinero a como dé lugar será la implacable sentencia del ilustre presidente Santos a sus lacayos del aparato productivo nacional. El dinero que Ecopetrol pudo haber obtenido durante la bonanza petrolera hace años ya no regresará, y a esa idea será a la que tendremos que acostumbrarnos.
Por eso hoy más que nunca es necesario desarrollar un aparato productivo basado en la transformación de bienes, así como en la prestación de servicios de alta calidad. Ello evitará que Colombia quede relegada a un país cuyo desarrollo quedó truncado. Si antes dependíamos del crudo, hoy es imperante dar un giro en materia de productividad. La existencia de petróleo puede hacer rico a un país. Esta riqueza, sin embargo, no necesariamente significa desarrollo económico y social. Venezuela, un país con las reservas probadas de crudo más grandes del mundo, poco le queda por hacer para extraerlo. El mundo está dando un giro hacia nuevas alternativas energéticas, y si quiere sacar partido a sus recursos, será mejor que PDVSA enfile baterías para lograr la extracción de crudo con la mayor eficiencia posible. Más vale vender barato hoy, que mañana no encontrar comprador posible, o como decimos aquí: es mejor el 50% de algo, que el 100% de nada.
La otra fuente de financiación de la que se nutren hoy nuestros políticos de turno y que contribuyen de alguna manera a tomar decisiones más o menos acertadas son los impuestos, que mal diseñados generan en el corto plazo inequidad y un desbalance en la ya lesionada economía de empresas y personas. Ya se ha dado a conocer por parte del ministro de hacienda la necesidad de introducir una nueva reforma tributaria, lo cual por supuesto aleja la inversión extranjera y eleva el riesgo del país que tanto daño le hace a nuestra economía. La capacidad adquisitiva del ciudadano medio se ha visto menguada durante los últimos 30 años a raíz de la volatilidad en los mercados, el cambio constante en las reglas de juego -jurídico o económico-, y el mal manejo de políticas que en general se cambian para dar continuidad a una fallida empresa llamada paz que nadie cree. El ciudadano medio es cada vez más pobre, y ello también de debe a las decisiones que toman los políticos.
La devaluación, ese otro cáncer que la gente no percibe, también galopa al ritmo de una política económica dubitativa y perversa que gracias al liderazgo equivocado y mentiroso de quienes dirigen los destinos políticos del país, ha gestado un pequeño grupo de opinión afecto al gobierno, que cree que la paz será la solución a (casi) todos nuestros males. Creo que esta realidad no será cierta, y muy por el contrario, el país se ha ido plegando a los caprichos de una guerrilla motivada por la ambición y la vanidad, que ha indignado hasta a los más alejados actores del proceso.
Tenemos pues ante nuestros ojos querámoslo o no, un tema que a todos importa. Somos lo que ellos son; merecemos su designio y existen gracias a nuestra capacidad de crítica y razón. Lo político es lo civil, lo nuestro, lo pasado presente y futuro; es nuestro pegante, el hilo que entreteje las relaciones humanas del conglomerado social, lo que nos une, nos separa, nos enferma nos enfrenta o nos libera; la razón de nuestras angustias y preocupaciones. Es como la enfermedad que odiamos o ignoramos creyendo que algún día mágicamente desaparecerá, pero que irremisiblemente nos ata la finitud humana.


Comentarios