Teatro político colombiano
- 1 oct 2015
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Con ocasión de las próximas elecciones del 25 de octubre de este año, los colombianos acudirán a las urnas para elegir a los próximos gobernadores, alcaldes, diputados, concejales y ediles y miembros de Juntas Administradoras Locales (JAL), que ejercerán su mandato y sus funciones como servidores públicos, en cada uno de los municipios, distritos y departamentos del territorio nacional. Esta venerable y democrática fecha será memorable porque dará paso a la repetición de un acontecimiento nauseabundo: la repartición de la torta burocrática, dando rienda suelta por un lado a la estulticia de un pueblo ignorante y desesperanzado que por una cerveza y un plato de tamal vende su voto, y por el otro, una clase política depredadora y rapaz dispuesta a obtener el poder político y el capital público a cualquier precio. Dicho de otra manera, es día se juntarán el hambre con las ganas de comer.
Esto no es nuevo ni escandaloso si tenemos en cuenta que Colombia es uno de los países con el índice de corrupción más alto del mundo: si consultamos la página de transparencia internacional, podremos ver el vergonzoso lugar que ocupamos en materia de corrupción. Ver https://www.transparency.org/country/#idx99.
Para esa prestigiosa institución, nuestro país ocupa el puesto 94 de entre 175 países en el índice de percepción de corrupción; y un puntaje de 37/100 donde cero es altamente corrupto. El ranking en control de corrupción en que se ubica el país en percentiles es de 43% (estamos entre los 75 países más corruptos del mundo), y el puntaje es de -0.39090878. Las estimaciones puntuales oscilan entre -2,5 a 2,5. Los valores más altos corresponden a mejores resultados de gobierno. El score nos ubica en el indecoroso puesto 61 de 175 al lado de Venezuela, Zaire, Mozambique, Laos, Corea del norte, y otras banana republics del continente africano y el Caribe. ¿Es posible una democracia con una institucionalidad endeble y manipulable como la nuestra? ¿Sí representan estos comicios el sentir del país? ¿Son los candidatos personas de comprobada honorabilidad para ocupar cargos de elección popular?
Este fenómeno de degradación social obedece a una serie de factores que con el tiempo se van configurando en hechos políticos a simple vista imperceptibles; cito sólo un ejemplo, las clases políticas por su capacidad económica son las mejor preparadas, lo cual las califica para ostentar los cargos de mayor dignidad. Los hijos de Rodríguez Orejuela y otros mafiosos han asistido a las más prestigiosas universidades del mundo, creando una especie de lógica circular donde los ricos mandan porque tienen plata, y a la vez tienen plata porque son los que siempre han liderado los destinos del país. El enriquecimiento sistemático de las viejas familias, les ha permitido dar el salto social que les impulsa a detentar el poder en interacción con pares de su misma condición económica y moral. ¿Se ha visto acaso alguna vez un ministro de Estado, un embajador o un funcionario de alto rango de extracción humilde egresado de escuela pública, y formado en el SENA, que haya logrado llegar a tal dignidad en franca lid? La corruptela y los torcidos se hacen en clubes y campos de golf -se habla de carteles como el Gun Club, Los Lagartos, El Country y el Nogal-. como los lugares de preferencia para cocinar los negocios de las clases dirigentes con clientelismo y favorecimiento mutuo como leyes esculpidas en piedra al mejor estilo siciliano.
Todo está cuidadosamente orquestado para que el próximo 25 de octubre tal o cual candidato cuente con la maquinaria necesaria para el éxito político; los dados están echados, y las cuentas ya se han sacado: una alcaldía 3 mil millones, un concejal 400 millones, etc. La rentabilización de la democracia cohonesta con una clase política podrida e impune al cobijo de un Estado burocrático que ostenta el título de ser el primero en incumplir con la protección de los derechos humanos y el mandato de la constitución nacional.
Pero esto es solo parte visible de este gigantesco y aterrador negocio de la política, es la punta del iceberg. Detrás y sin la menor evidencia para el despreciable y voluble votante, se encuentra la perversa maquinaria que controla el actuar de quienes han sido cuidadosamente seleccionados por el partido para ocupar las curules. Nada se deja al azar en cuestiones políticas; se revisa su perfil con todo cuidado para evaluar las cualidades mínimas de pícaro o rufián de esquina y sepa cómo comportarse al tenor de unas elecciones pletóricas de trampas, juego sucio y podredumbre. La batalla es cruel, la engañifa constante, pero la recompensa lo vale todo; dinero a rodos y poder en cada latifundio político donde se logre la conquista política. ¿Cómo se pagan los favores políticos? Con contratos a dedo a quienes ofrecieron su generoso y desinteresado apoyo a la causa.
Y claro, los partidos no se quedan atrás. Echan mano a argucias ya inventadas para someter a la sociedad y manipular sus deseos y convicciones. El poder económico da rienda suelta a la imaginación del poder mediático para lograr su perverso cometido cual es el de doblegar su voluntad al momento de votar creando propaganda política, y para ello echa mano de herramientas de comunicación masiva.
El padre de esta poderosa herramienta fue Joseph Goebbels, quién a la sazón era el Ministro de Educación Popular y Propaganda creada Hitler a su llegada al poder en 1933. Goebbels había sido el gran comunicador del Partido y arquitecto del ascenso al poder. Una vez en el poder Goebbels prohibió todas las publicaciones y medios de comunicación fuera de su control, y orquestó un sistema de emisión de mensajes a través del cine, la radio, el teatro, la literatura y la prensa, y creó 11 principios de propaganda NAZI y que vistos desprevenidamente notamos cómo algunos de ellos son utilizados por los partidos políticos colombianos. Mencionaré sólo algunos.
Principio de simplificación y del enemigo único: Adoptar una única idea; Individualizar al adversario en un único enemigo. Aquí caben todas las palabras fuera de contexto y vacías de contenido que utilizan los partidos para generar pánico en una sociedad: desempleo, inflación, castro-chavismo, Nicaragua y la política de fronteras, terrorismo, liberal- conservador, Venezuela, extranjero, etc.
Principio de la transposición: Cargar sobre el adversario los propios errores o defectos, respondiendo el ataque con el ataque. “Si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraigan”. ejemplos: venta de ISAGEN, problemas fronterizos o de orden público, o escándalos de la Fiscalía, etc.
Principio de la vulgarización: “Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión escasa; además, tienen gran facilidad para olvidar”. Un escándalo tapa otro; un problema esconde otro.
Principio de orquestación: “La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentadas una y otra vez desde diferentes perspectivas pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas”. De aquí viene también la famosa frase: “una mentira repetida mil veces, acaba por convertirse en verdad”.
Principio de renovación: Hay que emitir constantemente informaciones y argumentos nuevos a un ritmo tal que cuando el adversario responda el público esté ya interesado en otra cosa. Las respuestas del adversario no contrarresta el nivel creciente de acusaciones. Se asemeja a una fábrica de escándalos cuidadosamente creada para soltarlos en fechas especiales en campaña. Fracasos como la política exterior, su política monetaria, o la debacle con el precio del petróleo, el desempleo o la devaluación del peso frente al dólar, obliga al gobierno a seguir rigurosamente este principio.
Principio de la silenciación: Acallar sobre las cuestiones sobre las que no se tienen argumentos y disimular las noticias que favorecen el adversario, también contraprogramando con la ayuda de medios de comunicación afines. En esto nuestro presidente es un artista de las más elevadas cualidades. Hace oídos sordos a las críticas creyendo con esto, que la gravedad de sus desatinos disminuye.
Estos principios articulados cuidadosamente, y aceitados con una buena dosis de mermelada, surten un efecto distorsionante en el juego político del próximo 25 de octubre en nuestro país. Bienvenida otra justa electoral, así los ganadores sean los mismísimos ministros del inferno.


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