Libertad sumisión y dominio
- 10 oct 2014
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Qué tanto podemos reconocernos en nuestra sociedad; qué tanta conciencia tenemos de nosotros mismos y de los demás cuando el interjuego humano se realiza a través de dispositivos electrónicos o por medios virtuales? Cómo afecta esto nuestra auto percepción y la percepción de los demás y cómo afecta ello los valores humanos en una sociedad encadenada por la tecnología? Cuánta mentira podemos resistir?
Pasamos horas cada día trenzados en una lucha por lograr unos instantes de libertad intelectual; la guerra informacional, la publicidad y el bombardeo mediático, se han apropiado de nuestras mentes; y aunque el hombre es criatura dotada de razón y voluntad, y la voluntad es la función creativa del hombre, su entorno se ha encargado de encadenarla, de atarla y de constreñir su creación; de limitar su vitalidad, gracias al racionalismo funcional del hombre contemporáneo; su pensamiento ha perdido toda identidad y autonomía; su realidad no le pertenece y ésta lo guía por la senda de un camino oscuro y sombrío, alimentando sus deseos infinitos y convirtiéndolo en lobo del hombre. La tecnología es un ladrón de tiempo.
Para entender la cultura en que vive, el hombre debe emplear las mismas facultades de intuición comprensiva con que nos entendemos unos a otros, sin las cuales no hay ni amor ni amistad, ni verdaderas relaciones humanas. La actitud de un ser humano está basada, o debería estarlo en la percepción de lo que él es en sí, no en lo que tiene de común con los otros hombres. Las relaciones humanas -dice Berlin- se fundan en el reconocimiento de la individualidad, la que tal vez nunca pueda ser descrita exhaustivamente; igual sucede con la comprensión de comunidades, culturas, épocas, y lo que ellas son y aquello por lo que luchan, y sienten, sufren y crean; la manera como se expresan si se ven a sí mismas, piensan y actúan.
En lo social nos ocurre -como diría Maquiavelo- el mal del tísico. Al principio su enfermedad es difícil de conocer y difícil de curar, y con el tiempo se vuelve fácil de conocer y difícil de curar. Los males avanzan de manera desesperantemente lenta, y la cura llega casi siempre cuando es demasiado tarde. Nos devora un cáncer llamado individualismo, corrupción y afán desmedido de poder. Al notarlo, ha hecho metástasis en todos los estamentos de la sociedad. Reflejan los políticos de hoy el sentir de las mayorías? No lo creo. El arte de la palabra, la lógica y el análisis de problemas ha sido sustituido por el engaño sistemático y constante en las democracias del mundo. A los políticos no les creo ni las mentiras. Cuántos corruptos hay en el mundo, que les falta hombría y agallas suficientes para mostrar su maldad. El hombre simple, el hombre común cree inocentemente que el ser humano se ha hecho bueno, que los tiempos lo han transformado. Cuánto desengaño unido a la inocencia aterradora de una sociedad que carece por completo del rigor y la malicia para comprender la verdadera naturaleza humana.
La vida moderna se debate entre un afán desmedido de conocimiento y la necesidad de olvidar los viejos aprendizajes; aprender para enfrentar los nuevos retos significa adaptarse a las nuevas condiciones de supervivencia, y desechar aquellas prácticas que en el pasado hemos utilizado para subsistir. Sin embargo el olvido nos condena en un mundo donde los “mass media” lo gobiernan todo y nos dicen, nos comunican, y difunden lo que conviene a ellos y al sistema.
Un sistema acrítico y débil con sus poderosos empresarios, lleva a los ciudadanos a lo que Heidegger llama “sujetos en estado de intrepretado”; estado en el que todos terminan leyendo, creyendo, aceptando y pregonando a los cuatro vientos, las “verdades” que los medios divulgan. Ya no es posible asimilar el torrencial informacional que los medios entregan a la sociedad. No pensar significa que otros lo hagan por nosotros, y por ello diversas iglesias, sectas, grupos, bandas, partidos de todos los colores, pandillas y cofradías se multiplican por doquier, ofreciendo doctrinas que ofrecen soluciones de este y del otro mundo. Quiere ser feliz, rico?, poderoso, potente sexualmente o atractivo a las mujeres?, ya está a la venta el manual, la cartilla, o la doctrina que resuelve su vida. Pare de sufrir, nosotros lo hacemos por usted!!
Estos grandes imperios comunicacionales, hacen parte de un gran sistema perverso de gobierno que piensa por nosotros ahorrándonos la angustia de pensar por nosotros mismos. Hoy día se fabrican escándalos, noticias y hechos mediáticos para distraer la atención del ciudadano desprevenido sometiéndolo a cantidades enormes de información que difícilmente pueden contrastar o verificar. Los dueños de capitales gigantescos despliegan esta y otras estrategias para lograr el control y así obtener ingresos fabulosos; evitar problemas en los mercados -sociedades- del mundo, y aumentar su riqueza. Los mandatarios no hacen nada, porque la mordida, el amiguismo o la práctica clientelar están a la orden del día. Los peores carteles de nuestra democracia son los de clubes como el Country, Los lagartos, o el Nogal; las canchas de golf y las reuniones sociales, se constituyen en magníficos escenarios para hacer negocios. Si bien en nuestro país tenemos políticos de pacotilla, los banqueros no se quedan atrás con sus prácticas perversas de explotación, y aumento de la desigualdad, al someter al ciudadano del común al cadalso financiero. Ellos también deben ser sometidos al más detallado de los escrutinios.
Las redes sociales, esa virtual y etérea letrina que nos engaña, -nos aliena, y en ocasiones nos adormece- nos llena de información sin contenido; esa red que todos los días revisamos al levantarnos, al almorzar, al atardecer o cuando cae la noche, es la que nos provee los elementos de juicio y la información para aceitar el día a día. Tal vez por eso nuestra sociedad es cada vez más sabia, pero a la vez más inconexa con la realidad, con los demás y con nosotros mismos. Se está olvidando la práctica social y se está reemplazando por el interjuego humano virtual. Los hombres tienen muchas cosas en común, pero lo que los individualiza, los hace ser lo que son, y hace posible la comunicación, es aquello que no tienen en común con los otros; sus diferencias, peculiaridades, matices y carácter individual van en conjunto. El juego nos enriquece, nos oxigena, y nos da nuevas posibilidades de pensamiento y construcción intelectual.
Cuánta mentira podemos resistir? No lo sé, pero a medida que envejecemos, la cantidad ciertamente disminuye; será la pérdida de inocencia?, será la pasión obsesiva por saber la verdad, o será la bendita manía de querer mortificarse la vida descubriendo realidades dolorosas y angustiantes? o será el desenfrenado amor a la libertad?


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