Las preguntas de la existencia humana
- 31 ago 2014
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Entiendo por vida, todo el acervo de acontecimientos, recuerdos e impresiones que han sido, son y serán. Es todo aquello que nos ha ocurrido en lo que llamamos historia; nos ocurre a diario en lo que llamamos presente, y todo el conjunto de instantes que ocurrirán, y que consideramos el futuro. Nuestra existencia es una pequeña luz entre dos oscuridades infinitas: el antes de nacer y el después de morir. En ese lapso, una infinita combinación de momentos, sucesos y sensaciones influidas por la transitoriedad y el influjo del tiempo, nos hace conscientes de nuestra temporalidad. El tiempo finito pero ilimitado en un cúmulo de discontinuidades históricas que llamamos la experiencia vital, llena nuestra conciencia de conceptos, paradigmas y valores que cada día le dan sentido y dirección a nuestra existencia humana.
A cada instante; pasado, presente y futuro, en una danza sutil y etérea, nuestra mente integra datos, información y conocimiento complejos, que influyen nuestro comportamiento, y hace de nuestra vida un todo único e irrepetible pero a la vez perfectible y trascendente. La amalgama de tiempos; la intensidad de los hechos, el anhelo de proyectos, y la capacidad de recuerdos, hacen de nuestra existencia una mezcla de los “fui”, “soy” y “seré”, que contrapone los aprendizajes y modelos mentales vigentes. La historia nos aporta los contenidos en forma de experiencia; el presente nos permite vivir esos contenidos y confrontarlos con lo práctico, útil y bueno, y los sueños nos aportan ese vitalismo necesario para continuar la marcha y ver culminado nuestro proyecto de vida en sociedad.
Qué significa pues la vida para cada uno de nosotros, teniendo en cuenta la extrema complejidad de su análisis? Qué lugar ocupamos en el mundo, y cuál es el objetivo último de nuestra existencia? No somos los primeros, los últimos, ni los únicos que habitamos o habitaremos este mundo. Ello nos obliga a preservar lo que nos dejaron; cuidar lo que tenemos, y mejorar lo que dejamos a las generaciones futuras. La clave de una existencia con sentido es hacer de nuestras vidas una ecuación posible con resultado positivo a la mayor cantidad de variables. Más aporte a la sociedad; al sistema; a la humanidad, y al eco sistema.
La vida en su albur, nos colma de hechos y recuerdos que nos ayuden a formular y responder las preguntas de la existencia; a construir la cadena humana que permite que nuestros hijos además de perpetuar una especie animal peligrosa y autodestructiva, comprender que esa misma especie puede ser domesticada por nuestro intelecto, por nuestra consciencia; que puede hacer del hombre un ser esencial para la existencia de sí mismo y de los demás seres vivos que lo acompañan en su corto viaje por un mundo que navega en medio de un océano de soles, estrellas y quien sabe cuántas cosas más.
Hemos comprendido que el origen nuestro se encuentra en los confines del universo; que fuimos un proyecto viable de entre millones de mundos que evolucionaron sometidos a pruebas de ensayo y error; que vivimos en el mejor de los mundos posibles; que el mundo es necesariamente como es porque hay seres que se preguntan por qué es así, y que vemos el universo como es, gracias a nuestra propia existencia. En esa corta existencia, y sin tener seguramente plena conciencia de lo que somos o lo que seremos, es imperioso asumir nuestro papel protagónico, ser y hacer para que los demás también sean y hagan, y ser parte activa de este juego existencial donde se juega una única partida.


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