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Teoría de juegos y Sartre

  • 14 ago 2014
  • 3 Min. de lectura

Juego mi vida, cambio mi vida, de todos modos la llevo perdida...

Y la juego, o la cambio por el más infantil espejismo, la dono en usufructo, o la regalo...: o la trueco por una sonrisa y cuatro besos: todo, todo me da lo mismo: lo eximio y lo ruin, lo trivial, lo perfecto, lo malo...

Relato de Sergio Stepansky

Concibo a Dios como un gran crupier que de un mazo infinito, reparte las cartas de la vida a cada jugador al nacer; imagino cómo a cada uno de nosotros al llegar a este mundo, nos da una “mano” con lo que se constituirá en el juego que deberemos jugar a lo largo de nuestra existencia, y que en esa mano hay una carta muy especial: es la carta de la conciencia; unos la llevan, otros no. Esa brillante estrategia de repartición llena de misterios y secretos combinatorios además de poner a prueba la inteligencia de la que hemos sido dotados, nos obliga a lo largo de nuestra vida, a ponernos siempre a favor del viento, para que utilizando la resiliencia -una de las cartas-, podamos sobreponernos a los períodos de dolor emocional, y emprender el mejor de los viajes posibles, y si sabemos dar buen uso al tiempo -otra de las cartas-, llegar a nuestro destino como dirían los marineros, con “buen viento y buena mar”. Esta brillante estrategia de albur deja lecciones de vida, y valiosos aprendizajes cuando la vejez llega. La existencia en virtud de las cartas que ese gran Dios pone en nosotros, es una danza de buenos y malos momentos, con tiempos de abundancia y escasez; alegrías y tristezas; momentos de satisfacción al cumplir objetivos vitales, o de frustración cuando el tiempo, las habilidades, las circunstancias o los objetivos no pueden ser cumplidos a cabalidad. Tiempo, podría decirse, es lo que Dios pone a las cosas para que no nos ocurran todas a la vez.

John Forbes Nash fue un prestigioso matemático estadounidense, premio nobel de economía, por sus aportes a la teoría de juegos y procesos de negociación. Esta teoría dice que para que un individuo tenga éxito, tiene que tener en cuenta las decisiones (otra carta) tomadas por el resto de los agentes que intervienen en un problema o situación específicos. Si pensamos en términos de teoría de juegos no tenemos que preguntarnos qué vamos a hacer, tenemos que preguntarnos qué vamos a hacer teniendo en cuenta lo que pensamos que harán los demás; ellos actuarán pensando según crean que van a ser nuestras actuaciones, situación que se ilustra en el famoso dilema del prisionero, donde la cooperación –otra de las cartas-, puede no darse entre dos personas, incluso si en ello va el interés de ambos, es decir que en ocasiones los seres humanos no cooperan así la cooperación sea vital para su propia existencia. Esto es a lo que me refiero en la repartición de las cartas a la que hago referencia al inicio de este artículo.

Las cartas están en nuestras manos, pero si la conciencia no nos acompaña, no será posible hacerlas parte de nuestro juego, jugarlas a tiempo, o jugarlas bien, entendiendo la palabra “bien” como el máximo provecho posible para mí y para los demás jugadores de mi tiempo -llámese humanidad, medio ambiente, eco sistema u otro-. Como jugadores del juego de la vida, tendremos entonces la responsabilidad de jugar las cartas lo mejor posible, pero además, tener la conciencia de jugar teniendo en cuenta el posible juego de los demás. No basta nuestra inteligencia, hace falta tener en cuenta lo que los demás quieren, pueden, y necesitan jugar para que su viaje también sea plácido y enriquecedor a la humanidad. Nuestra voluntad no es suficiente para lograr los objetivos; es necesaria una gran dosis de auto conciencia para comprender nuestro papel -nuestra mano- durante la partida que estamos jugando en el llamado juego vital. Somos responsables de cada decisión tomada durante el gran juego, y la manera como juguemos tendrá consecuencias para nosotros y para los demás jugadores que intervienen en él. Dice Sartre: <<un hombre es lo que hace, con lo que hicieron de él>>, nuestra responsabilidad radica en qué tan nítidamente vemos las cartas que fueron puestas en nuestras manos, cómo jugar cada mano teniendo en cuenta la de los demás, y el aporte que esa partida le deje a la humanidad.


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