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La guerra es fiesta

  • 28 jun 2014
  • 2 Min. de lectura

En vísperas de la celebración del partido donde Colombia enfrentará a Uruguay en el estadio Maracaná por los octavos de final del Mundial de Brasil 2014, pienso que el fútbol es un buen símil de guerra en tiempos modernos, y que su significado hoy refleja una forma de conflicto social con todos los elementos simbólicos de un encuentro bélico entre dos naciones.

Y aunque se trata de un simple juego de pelota, su significado en el contexto social va mucho más allá. Se despiertan los más apasionados sentimientos nacionalistas -algunos con banderitas tricolor pitos y bubuzelas celebran el cotejo- y otros, más aguerridos y profundos, dejan ver en la agresividad un reflejo primitivo de supervivencia y territorialidad animal, estimulado por la amígdala en las estructuras primarias del cerebro reptil humano.

Todo acontecimiento humano pertenece a la esfera de la experiencia, y aunque la erradicación de los conflictos y su disolución en una cálida convivencia no es una meta alcanzable, ni deseable ni en la vida personal, ni en la vida colectiva, no hay ninguna sociedad que pueda darse el lujo de no tener en cuenta las diferencias y los conflictos que generan esas diferencias.

Las diferencias entre adultos y niños, de hombres y mujeres, y los desacuerdos deportivos y políticos no podrán ser erradicadas por ninguna forma de organización social, y su manifestación será siempre un elemento básico en la dinámica social humana, y la amígdala parece jugar un papel importante en el procesamiento emocional. Estudios serios de diversas universidades e institutos de salud pública, demuestran que el consumo de alcohol y drogas afecta de manera importante el comportamiento del individuo, haciéndolo en ocasiones de euforia y júbilo, verdaderas máquinas de destrucción y muerte.

Las medidas tomadas por el alcalde Petro con ocasión del mundial de fútbol, parecen acertadas si de contener la violencia se trata, máxime en una sociedad donde la violencia hace parte de menú de posibilidades de festejo y celebración. Cada efeméride en Colombia es un acontecimiento propicio para desencadenar la acción vandálica de jóvenes y adultos desadaptados que cuentan con pocas opciones para celebrar.

Ojalá la suerte nos acompañe, aunque creo en el viejo refrán que dice “la suerte no existe para los mediocres”. Esperemos que esta tarde tengamos otro motivo de regocijo, y olvidemos las pesadumbres que tanto aquejan a nuestro bello país.

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© 2014 Roberto Echeverri Uribe

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